sábado, 11 de mayo de 2024

¡Que todas las noches sean de boda y que todas las lunas sean de miel!

Como mujer no recuerdo el momento exacto de mi vida en que soñé esta escena, cómo sucedería, quién sería el elegido, el día o la noche; en el que el SÍ más hermoso salido de mis labios, se chocaría en un ángulo perfecto con unos ojos color marrón oscuro y encontraría en respuesta una sonrisa de correspondencia. No puede haber algo parecido que resulte tan mágico y comprometedor en el mundo, como ese SÍ ACEPTO. Me atrevo a asegurar que no (por ahora).

Mirando en retrospectiva, me pregunto, ¿cómo una pareja llega a este momento? No depende del tiempo de la relación. Depende del firme deseo de dos personas que deciden elegirse y amarse diariamente. Con los años, esta frase cobra más sentido. Depende además de las circunstancias y debo decir que las nuestras eran muy particulares; un amor construido y fortalecido a la distancia...

Corría el mes de julio del año 2017, ¿dónde estábamos en ese momento de la historia? Él cursando su maestría y yo en medio de una pasantía doctoral. ¿Y el detalle Vanessa? Aquí les va. 

Luego de un viaje de reencuentro con mi madre y hermana en la ciudad de New York, regresaba feliz a College Station, Tx, para continuar mis compromisos académicos. Me esperaba un día lluvioso y gris en el aeropuerto de Houston que, se transformaría luego en una tarde amena en la que un mole poblano que preparaba un amigo mexicano en su casa, fue la excusa perfecta para compartir y conversar. Al llegar, observé a un nuevo integrante del "combo latino" que estaba de pie en una esquina detrás de la mesa del comedor. Lucía tímido, como suele ser él cuando recién lo conoces. Me presenté y rápidamente me dispuse a conversar con las chicas sobre la experiencia de un evento académico en Italia al que recientemente había asistido. Solo paramos de hablar cuando el mole estuvo listo. Ese día no sucedió la magia. Sentados a la mesa, por momentos le dirigí algunas palabras de las 7000 que tenemos guardadas las mujeres por jornada; pero aquél día él las tenía bien dosificadas. 

A partir de ahí, los encuentros fueron cada vez más frecuentes, pues siempre había un plan por hacer. Así que en una fiesta de unos amigos Ticos, en medio de una conversación sobre pesca (sí, muy casual), él sentado sobre el mesón de granito blanco de la cocina se atrevió a iniciar la conversación; misma que no tenía mayores pretensiones. 

Luego, animado por la rumba y el ritmo de la música, estiró su mano para invitarme a bailar. Iniciaba la cuenta de los Guillopuntos en mi mente. 

Esa noche pasó algo en mí. Lo recuerdo bien. Llegué a casa, me cuestioné y me quedé dormida con la sonrisa ingenua de una niña. Pero, ¿quién era este chico reservado, que además de bailar bien, cantar bien; de repente lo estaba encontrando tan encantador? (ver foto arriba). Solo atino a decir que si Dios se ríe de nuestros planes por reservarnos unos mejores,  nuestra respuesta es a veces entorpecerle el camino a sus designios. Con la experiencia previa de haber vivido ambos relaciones a distancia, nos embarcamos en la nueva aventura de lo ilógico y la locura de lo mágico 🎤🎧🎶... diría en letras Laura Pausini. 

Justamente, de las relaciones a distancia, hablé en una entrada anterior. Esta vez no ahondaré. Desde esa escena en casa de los Ticos descrita, hasta el momento que estoy por describir pasaron seis años y un par de meses quizás.

¿La propuesta? Esta sí la imaginé, sí que la soñé. Cómplice mi madre de un día idílico. 

Salía para la Universidad, como de costumbre, en horas de la mañana con la cara lavada para preparar los pendientes de una clase que finalmente no dí ese día. En ese mismo momento, volaba con rumbo a Colombia el prometido, cargando un millón de emociones y nervios en la maleta (creo yo). ¿Hubo coartada? Obvio. Un supuesto viaje de trabajo a ciudad de México. Para mí, era normal un argumento como este. Pasadas las 7:00 p.m., en casa aguardaban mi hermana, mi madre y mi tía. ¿Dónde estaba yo? En la universidad. ¿Dónde estaba el novio? Encerrado en mi cuarto para darme la sorpresa. 

Finalmente llegué a casa. Venía tranquila y muy relajada a conversar con mi madre sobre lo acontecido durante el día, como suelo hacerlo. Al verlo salir de mi cuarto, solo grité, yo estaba en una dimensión paralela; no comprendía nada. 

Guillermo no dice nada que no sienta y no se excede en palabras cuando sabe lo que quiere decir. Atrapadas mis manos sosteniendo un ramo de rosas rojas, me fui perdiendo lentamente en sus palabras mientras que él descendía para aterrizar su rodilla izquierda. Por momentos, en clara señal de nervios, meneaba su cabeza (como quien tiene un tic), para esperar una respuesta de mi parte. Llorar de felicidad es absolutamente hermoso.

En ese instante, quizás hay una sola cosa que teme un hombre y dos más en caso de no ocurrir la primera; esto es evidentemente, que la mujer diga que no. Pero si dice que sí, puede ocurrir que el anillo no le guste o que no sea del tamaño correcto... En mi caso, me quedó grande el anillo 👍. 

Así que si el término de toda esta escena es feliz, lo que sigue tras la propuesta, que es la preparación de la boda, representa un escenario que la mayoría de los hombres no se alcanzan a dimensionar (algunas mujeres, por nuestra esencia multitasking, lo enfrentamos con un estrés medianamente sano); pues es todo un torrente de decisiones por tomar en un corto periodo de tiempo.

Un par de meses después, llegó el día del SÍ. En medio de una tarde fresca, con el petricor en el ambiente por causa de una repentina lluvia, nos miramos con determinación y mucho amor para decidir elegirnos todos los días, ante la mirada atenta del juez quien previamente había pronunciado un discurso tan franco y hermoso a la vez que, terminó enamorando a nuestros familiares.

Publico esta entrada hoy, luego de cinco meses de habernos dicho SÍ; con felicidad, miedos, risas, lágrimas de alegría, en medio de un bosque Sagrado

¿Nota marginal de este acontecimiento, como suele reservarse en la partida de bautismo de los futuros contrayentes? Por supuesto que hay. A pesar de que esta era nuestra unión civil, queríamos tener nuestras argollas bendecidas. El sacerdote que nos acompañaría para este momento no pudo llegar, así que en el último minuto nuestra event planner contactó a un sacerdote que finalmente lo hizo. En medio de la "ceremonia de bendición de las argollas" y, sabiendo perfectamente cuál es la antesala de  un rito de matrimonio católico, tuve que frenar literalmente al Padre en medio de risas nerviosas, pues iba apresurado a pronunciar las palabras: "¿vienen a contraer matrimonio sin ser forzados, libres y voluntariamente...?". Noooooooo Padre. Para ese momento, ni siquiera estábamos confesados.

Termino, no sin antes acotar:

1. Preferí no ponerle un adjetivo al mole mexicano. Dejemos así.

2. Cuando escribo que conozco perfectamente la antesala de un rito de matrimonio católico, es porque por haber cantado por más de 10 años en iglesias católicas, me aprendí de memoria los salmos, las lecturas, las respuestas y las palabras precisas que pronuncia el Sacerdote en estas ceremonias.

3. El lugar donde se realizó la ceremonia se llama Sagrado, justamente. Lo propuso mi hermana y fue perfecto.

4. La frase que da nombre a esta entrada fue un hermoso consejo de mis nuevos tíos Sara y Roberto; los tíos que me regaló el ahora esposo.


Dando fe de este regreso.